02. El centro





El centro se caracteriza por su formación de peones de modo tan profundo, que incluso cuando los peones centrales han desaparecido en tempranas escaramuzas, su misma ausencia determina la naturaleza del juego y exige un método específico y preciso de juego.

La formación central de peones, sin embargo, no es una parte independiente, autónoma de la estructura de peones en conjunto. Cada acción relacionada con peones, o incluso cada inofensivo avance de un peón de flanco, repercute sobre el centro e influye sobre su condición. Esta relación se halla presente en todos los sistemas teóricos y sus variantes de forma tan intensa que podemos afirmar que la historia de las modernas ideas en ajedrez es, en esencia, la historia de las estructuras de peones.

Al examinar las formas elementales en que suelen presentarse los peones en el tablero percibimos la fuerza con que influye en los planes estratégicos en la primera fase de la partida y determinan los acontecimientos posteriores, sobre todo en el momento sensible de la transición de la apertura al medio juego. Podemos apreciar la excepcional significación de los peones en las columnas centrales, así como la sutil relación que guardan con los principios del desarrollo y el centro, que son las piedras angulares del moderno juego de apertura. La urgencia de un desarrollo económico está inseparablemente vinculada a la importancia de los peones centrales. Los peones avanzan bien para controlar las casillas centrales y hacerlas inaccesibles a las piezas enemigas, bien para ocuparlas y definir el propio territorio, que hará posibles las ma­niobras y las acciones futuras.

El concepto de centro siempre implica el desarrollo de piezas y una determinada estructura de peones. Cada sistema de apertura y cada variante se basan en la relación entre la formación de peones, piezas y casillas centrales. En nuestros días, la importancia de estas relaciones es incuestionable, y está plenamente aceptada como un axioma. Sin embargo, es el fruto de muchos años de debate en los que los protagonistas manifestaron sus conflictivos puntos de vista, y con el paso del tiempo los corrigieron y refinaron. La historia de las modernas aperturas de ajedrez, desde mediados del siglo XIX hasta nuestros días, está marcada por estos cambios de opinión y de gus­to. Los maestros de ajedrez de distintos períodos consideraban el centro de peones bajo dife­rentes ángulos, y eso condujo a una diversidad de estilos de juego, que ha enriquecido sus­tancialmente nuestro legado ajedrecístico.

Hoy día, mientras que el proceso sigue en marcha, al considerar el centro de peones a la luz de siglo y medio de intensa actividad, es­tamos inclinados a creer que estos períodos constituyen las piedras angulares de la moderna teoría de aperturas y, por otro lado, que el centro de peones sigue siendo la clave para su comprensión.

Todo el mundo sabe que las casillas centrales del tablero son más valiosas que las de las bandas. Una pieza situada en el centro controla más casillas y, por eso, es más eficaz. La formulación de Tarrasch "caballo en el lado, infortunio asegurado" no hace sino reflejar una evidente verdad ajedrecística. Por esta razón, en toda partida se libra una batalla permanente por el dominio de las casillas centrales. El bando que se impone primero en el centro está sentando las bases para romper el equilibrio a su favor.

La superioridad en el centro puede aprovecharse tanto para realizar ataques directos -según Steinitz, difícilmente puede haber ataque prometedor sin un centro sólido- como para hacerse con ventajas posicionales de diversa naturaleza. Al mismo tiempo, al tener superioridad en el centro se frena la capacidad de maniobra del adversario.

La lucha por el centro es capital en la primera fase de la partida. Ambos bandos intentan ocupar o controlar las casillas centrales más importantes mediante una movilización rápida y planificada. Por esta razón, el estudio de cualquier apertura debe comenzar por la estrategia central que la caracteriza. Los métodos de lucha por el centro pueden variar, pero el fin es siempre el mismo.

Lo ideal es, según Tarrasch, un centro de peones fuerte y móvil, en formación de falange.

Planes de lucha

El plan en posiciones que presentan el centro de peones es el siguiente:

  • Consolidar el centro de peones y, a la vez, desarrollarse con rapidez.

  • Mediante el avance de un peón central -o de ambos- en el momento táctico favorable se decide directamente la partida en el centro o en el flanco de rey o se obtienen considerables ventajas posicionales.

  • Hay que señalar que la transición al final casi siempre es perjudicial para el bando que está a la defensiva.

  • El bando que se defiende debe intentar por todos los medios bloquear el centro de peones del adversario o atacarlo.

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