04. La escuela soviética de posguerra




En los años cuarenta y cincuenta, dos jóvenes Grandes Maestros soviéticos y candidatos al título mundial, David Bronstein e Isaak Boleslavsky, manifestaron en su juego un nuevo concepto del centro. Recomendaban que las negras cediesen el centro a las blancas, pues ocuparlo (ya sea con peones o piezas) requería tiempo, y el tiempo podría invertirse de otra forma. Las negras de­berían finalizar su desarrollo básico lo más rápidamente posible, permitiendo que las blancas construyesen un fuerte centro de peones, para luego minar ese centro, tratando de establecer un bloqueo. Cuando el centro está bloqueado y su fuerza dinámica reducida, las negras deben con­fiar en jugadas laterales para apoderarse de la iniciativa en un flanco. La India de Rey y sistemas afines encajan en estos planes.

Es una curiosa ironía que en los atroces años de la Segunda Guerra Mundial, la vida aje­drecística no hubiese muerto en la Unión Soviética. Por el contrario, se organizaron muchos im­portantes eventos, realizándose un enorme trabajo en el campo de la teoría ajedrecística. Una vez finalizada la guerra, el mundo exterior tuvo que enfrentarse a una nueva generación de jugadores sobresalientes, que practicaban algunas ideas nuevas, totalmente desconocidas.

Con Boleslavsky y Brons­tein el ajedrez cruzó una nueva frontera.

El movimiento que se alejó de los ideales clásicos y se encaminó hacia nuevas formas de juego, más dinámicas y más flexibles, co­menzó con Nimzovich. Llevó al alza las aperturas con formaciones de peones asimétri­cas, una tendencia que se fue acentuando en las décadas que siguieron a la Segunda Guerra Mundial, y encontró su máxima expresión en la Defensa Benoni y los numerosos sistemas de la Defensa Siciliana.

Junto con estos nuevos conceptos, aprecia­mos en las partidas de la generación de pos­guerra un elemento más fundamental del aje­drez moderno: su carácter dinámico.

Esta tendencia estaba clara ya en los años treinta, en especial en las partidas de Ale­xander Alekhine, quien pertenecía a una es­cuela de pensamiento que no conocía prejui­cios. Llegó a la conclusión de que mientras en el tablero se emprendan acciones, todos los valores estáticos pierden su significación, de modo que la evaluación de la posición depen­de exclusivamente del valor de la acción en sí.

En los años cincuenta y sesenta se produjeron continuas investigaciones, basadas en estruc­turas de peones móviles, agresivas. Los juga­dores estaban dispuestos a apoderarse de la iniciativa por todos los medios a su alcance, incluidos sacrificios posicionales y sin descar­tar posibles consideraciones psicológicas. Este moderno estilo agresivo alcanzó la cumbre del ajedrez con Mijail Tal, quien poseía una de las mentes ajedrecísticas más sutiles de todos los tiempos. Cuando se apoderaba de la iniciativa, realizaba sus jugadas con un gesto veloz, se levantaba, con extraños deste­llos en sus ojos y entonces solía pasear en torno a su oponente. De nariz aguileña y ojos de halcón jugaba al ajedrez conforme a su aspecto y per­sonalidad. Intrépido, de mente penetrante y una capacidad de cálculo asombrosamente rá­pida, Tal era capaz de asumir todos los riesgos imaginables. Era un ídolo de las masas, pero también el líder de una audaz generación de grandes innovadores, cuyo terreno consistía en nuevos sistemas dinámicos, basados en es­tructuras de peones asimétricas, y cuya arma era la iniciativa.

La brillantez de Mijail Tal, considera­do como un símbolo de su generación, dejó una marca indeleble en las décadas siguientes.

El ajedrez emocionante e imaginativo que ju­gaba atrajo a numerosos seguidores, tanto en­tre los jugadores modestos como entre los profesionales. Impuso un ritmo frenético de in­vestigación, y definió los límites básicos de los sistemas que merecían ser explorados: la Benoni y otras defensas indias, y, sobre todo, la Siciliana, aperturas caracterizadas por un centro dinámico no definido y por acciones de flanco. El minucioso análisis comenzó con la Variante del Dragón, la Paulsen y el Ataque Richter-Rauzer, y pronto se extendió a la Najdorf y al Ataque Sozin. Se intensificó en los años sesenta, con Fischer, Polugaievsky y Ge­ller, entre otros, en la vanguardia. En décadas posteriores, la Variante Scheveningen y la Pe­likan fueron sometidas a un minucioso escrutinio, con el propio Campeón Mundial Gari Kasparov, a la cabeza. En las últimas décadas del siglo XX, el campo de la investiga­ción teórica se amplió de forma impresionan­te y la profundidad más aún. Las fronteras en­tre apertura y medio juego, invisibles pero cla­ramente perceptibles para un jugador experto, muestran una tendencia a desaparecer, hasta tal punto que, en muchas ocasiones, sólo al llegar al final es consciente el jugador de que ha salido de la apertura. Estas dos fases de la partida tienden a fundirse la una en la otra. La sutil relación de peones en marcha en distintos flancos, el centro no definido que ofrece nu­merosas opciones a ambos bandos, y la varie­dad de avances de peón y golpes tácticos hacen que las evaluaciones sean cada vez más difíciles. Cada posición, como en una evasión de los principios generales, debe ser evaluada de forma concreta y específica.

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