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01. Los finales


A menudo leemos sobre lo importante que es conocer bien los finales y la futilidad de estudiar las aperturas. No sólo nos encontramos con estos argumentos en los libros de Capablanca, sino también en muchos artículos de las revistas. Frases como “la mayor comprensión de los grandes maestros se manifiesta en el final” y cosas similares. El mismo o parecido tratamiento se da a la estrategia en comparación con la táctica, cosas como que “los grandes maestros gastan mucho más tiempo en elaborar los planes que en calcular las variantes”, etc. Cuesta descubrir que todos estos consejos son bastante exagerados, pero tal vez debemos estarles agradecidos, porque sin ellos, no sé si hubiéramos prestado a esta fase de la partida la atención que se merece.

En los últimos tiempos, el predominio de las aperturas ha llegado a ser agobiante. Todos los grandes jugadores pasan la mayor parte de su tiempo investigando en nuevas variantes, con las cuales sorprender a sus rivales y comenzar la batalla sobre el tablero en una posición lo más ventajosa (o menos desastrosa, según se mire) posible. Pero no se engañen, no es que se haya descubierto que los finales no sirven para nada, es que esos jugadores ya “han hecho los deberes” y como mínimo, conocen bien los finales más importantes.  Ellos ya han hecho su trabajo a tiempo, y ahora pueden dedicar la mayoría de sus esfuerzos en otras direcciones, sin temor a regalar un par de medios puntos por torneo.

Así pues, si se quiere llegar a un determinado nivel de ELO, un buen conocimiento de los finales, no vamos a decir que es imprescindible, pero sí que resulta muy conveniente. En caso contrario, simplemente lo que sucederá es que medios puntos se escaparán de vez en cuando, y alguna vez puntos enteros, y esos regalos raramente se verán compensados por las victorias conseguidas en las aperturas, porque hoy en día, en ese terreno, hasta el más tonto hace relojes. Para decirlo claramente: si un jugador alcanza un determinado nivel de juego, teórico, estratégico y táctico, perderá muchos puntos si su conocimiento de finales no se corresponde con ese nivel, y en ese caso, estudiar algunos finales, será el medio más económico de mejorar su ELO. Si sus conocimientos de finales ya están a la altura de sus otras habilidades, entonces el esfuerzo para mejorarlos ya no será tan rentable.

¿Por qué sucede esto? Bueno, cualquier ajedrecista con varios años de práctica aunque tenga menos de 2000 de ELO ya lo sabe: “El estudio de los finales es aburrido” y además “La mitad de ellos (o el 90%) se olvidan” y “No encuentro libros que los expliquen bien” y el más ingenioso “¡En mis partidas nunca se producen!” (esto último es especialmente cierto en partidas de jugadores que siempre evitan el final, a veces a costa de jugadas demasiado arriesgadas que les llevan a innecesarias derrotas en el medio juego, pero claro esas derrotas se justifican luego por errores tácticos) y toda otra serie de razones parecidas.

Esta tendencia a ignorar el final, se ha agravado incluso con la aceleración de los ritmos de juego y la desaparición de las partidas aplazadas. Antes, los aplazamientos permitían analizar profundamente algunas posiciones (que a menudo eran finales) y ayudaban a “cogerles gusto”. Además con tiempo en el reloj, era posible jugar con precisión las fases simples y merecía la pena después analizarlas, porque se trataba de obras pulidas, en las cuales afinar nuestra comprensión global del juego. Ahora rara vez se juega un final con un tiempo decente en el reloj, y eso provoca verdaderas sesiones de disparates. En consecuencia, ver los finales de las partidas actuales es más útil para una sesión de risoterapia, que para una clase de ajedrez. Pero precisamente, por la falta de tiempo, el conocimiento de los finales básicos se ha hecho más necesario que nunca; con poco tiempo en el reloj y jugando sin orientación, las posibilidades del desastre se multiplican.

El estudio de los finales

El estudio de finales debe abordarse en diferentes etapas y mantenerse siempre en armonía con el nivel global de juego. En consecuencia, si es necesario, las diferentes etapas pueden estar separadas en el tiempo.

En la primera etapa basta con conocer los mates básicos, el final de rey y peón contra rey y si se gana o no con algunas relaciones de material, además de unas pocas situaciones excepcionales y frecuentes, como el final de alfil y peón de torre malo.

En un segundo escalón de esta primera fase sería necesario conocer las posiciones Philidor y Lucena del final de torre y peón contra torre, y algunas ideas más de los finales de peones y de los de alfiles de diferente color.

Esto mal que bien, todos los aficionados tenaces lo acaban consiguiendo (lo malo es que alguno lo consigue con muchos años de retraso), y realmente es suficiente hasta que uno alcanza una fuerza digamos de preferente (aunque este baremo es cada vez más diferente según la Federación a la que uno pertenezca). Si un jugador desarrolla una habilidad táctica, que le permite rondar los 1900 o 2000 puntos de ELO FIDE, y sobre todo si está ya por encima, entonces necesita imperiosamente extender sus conocimientos de finales y aquí suele ser donde surge el problema. Lo bueno es que esta extensión de conocimientos le servirá, como mínimo, hasta que llegue a los 2400 y sea Maestro Internacional (no se equivoquen, eso no quiere decir que todos los MIs lo hayan hecho, ni que todos los que lo hagan llegarán a MI).

Llegados a este punto (2000 FIDE), deberíamos pasar a la segunda fase, y en primer lugar es necesario conocer con exactitud algunos finales teóricos. Si no se hace así, incluso jugadores con inclinación por las posiciones simples y con buenos conocimientos de los temas más frecuentes, se enfrentarán a menudo a las dudas, cuando deben trasponer a otro final más simple, y estropearán su trabajo anterior. Además en este caso, será necesario familiarizarse con algunos temas típicos de los finales, pero la mayoría de ellos, se empiezan a introducir a partir del estudio de posiciones básicas.

Los “finales exactos” que necesitamos recordar, no son muchos. Además, algunos de ellos son fáciles de memorizar, y otros se podrían considerar marginales, porque no se producen muy a menudo. Pero esos pocos finales, es preciso conocerlos bien. Sólo con esa base y con la confianza que da, se podrá abordar el estudio de otras posiciones más complejas y la ejecución de una ventaja de naturaleza técnica.

Después de conocer bien los finales básicos, en una tercera fase, se debe profundizar en el estudio de algunos temas de finales, que al no exigir una memorización exacta, resultan más agradables, y sólo cuando se conocen bien los finales básicos y se está familiarizado con los temas más importantes (por su frecuencia), se está en buenas condiciones de dar el siguiente paso y estudiar la estrategia de finales con varias piezas, los llamados a veces finales prácticos (aunque prácticos son todos), sobre los cuales se han escrito excelentes libros, por ejemplo “La estrategia del final” de Shereshevsky, y en los cuales han destacado algunos jugadores a lo largo de la historia (Lasker, Rubinstein, Capablanca, Smyslov, Korchnoi, Karpov, Andersson y muchos otros), cuyas partidas son la mejor enseñanza. Naturalmente, estas etapas no son excluyentes, y la experiencia de la partida viva hace que los jugadores avancen en todas las direcciones simultáneamente.

Los finales que hay que saber

¿Cuáles son esos?: la respuesta admite muchos matices y discusiones, pero en esencia deberían cumplir los siguientes requisitos:

  1. Ser los más frecuentes en la práctica.

  2. Ser los más claros de analizar (y en consecuencia más fáciles de recordar).

  3. Ser los que contienen ideas que se pueden aplicar a posiciones similares o incluso a otras más complejas.

Cuando jugamos un final simple, nuestros pensamientos se encaminan a reducirlo a una posición conocida. Mientras no lo hayamos reducido a una posición conocida tendremos dudas. Si conocemos bien esas posiciones, jugaremos con seguridad y será más difícil cometer errores.

¿Cómo estudiar los finales?

La respuesta a esta pregunta debería en realidad depender del nivel previo de cada jugador, tanto en su fuerza global, como en sus conocimientos previos de finales, pero como sería agotador dar una guía para cada caso, nos ceñiremos al más general, dando por supuesto que cada cual se adaptará a sus circunstancias.

El estudio debería comenzar por los finales básicos. A pesar de ser muy conocidos suelen haber algunos errores de concepto sobre estos finales en algunos jugadores. Los motivos son los siguientes:

  • en primer lugar el esfuerzo dedicado a resolver estas posiciones será un útil entrenamiento para la partida práctica, porque no basta con conocer la teoría, hay que ser capaz de aplicarla en la situación real. Además alguna de las posiciones nos resultarán más difíciles (o imposibles) que otras, y eso nos dará una idea de por donde están nuestros puntos débiles y nos ayudarán a fijarnos más cuando estudiemos esas posiciones.

  • Por último, y siguiendo el proverbio chino que dice “Si oigo, olvido. Si veo, recuerdo. Si hago, comprendo” según el cual, sólo cuando hemos hecho algo por nosotros mismos alcanzamos el nivel de dominio que nos permite repetir esa tarea sin dificultades.

La predisposición

Antes de iniciar el estudio de los finales conviene tener algunas ideas claras. Cada una de estas posiciones que aprendamos nos va a servir durante toda la vida (o al menos ese es el objetivo), su estatus teórico no va a cambiar (como sucede con las aperturas) y jugadas nuevas no van a aparecer. Como mucho en algún caso es posible que se descubra un nuevo método para jugar la posición con más claridad, aunque el resultado final será el mismo. Teniendo en cuenta esto, merece la pena que cada ejemplo que estudiemos lo hagamos de tal manera que lo comprendamos a fondo.

¿Cómo hacerlo?

En primer lugar hay que observar la posición sin ideas preconcebidas, partiendo de la única idea de que el objetivo de un bando es ganar, generalmente a través de la coronación de un peón, y el del otro es hacer tablas.

En segundo lugar antes de ver las jugadas teóricas, es muy útil mirar el diagrama y preguntarse ¿qué haría yo en esta posición?, si lo hacemos así, estaremos aplicando la gran sabiduría del proverbio chino que citamos antes y previsiblemente lograremos sus beneficios.

Una vez que estamos en la mejor disposición comenzamos a reproducir las jugadas analizadas. Conviene hacerlo en un tablero, tenga en cuenta que se trata de aprenderlo para toda la vida, y no sea perezoso en colocar las piezas. Naturalmente ciertos jugadores pueden hacerlo perfectamente “a la ciega”, pero le recomiendo que no tiente a la suerte; algunos de los finales tendrá que repasarlos necesariamente incluso aunque ponga su máxima atención, no multiplique el número de los que “se olvidan” por simple desidia.

Ya está usted en la mejor disposición para aprender un final. Demos un paso adelante.

Cada vez que haga una jugada trate de comprender “por qué se hace”. Puede parecer pesado, pero tenga en cuenta que muchos de los finales constan de pocas jugadas, y algunas de ellas tienen un objetivo muy evidente.

Repito: “Es fundamental saber para que se hace cada jugada”, si no se hace así, el olvido o la aplicación incorrecta en una posición parecida, pero no igual, acecharán a la vuelta de la esquina. Si puede analizar los finales con un amigo, o en un club, será mucho mejor, de ese modo discutirá las jugadas, y eso reforzará su comprensión. Si no puede, la necesidad de comprender cada jugada es mayor.

La memorización de reglas

Hay que fijarse en las ideas-guía y procurar darse cuenta de cuales son las ideas que permiten recordarlo a lo largo del tiempo, o por qué se ha olvidado.

A veces, un mismo procedimiento se puede aplicar a muchas posiciones iniciales diferentes, pero el resultado depende de la posición de una pieza (a veces de varias). En ese caso no confío en las líneas geométricas que acotan una zona irregular del tablero. Pueden estar bien para un tratado teórico de consulta, o para una tesis científica, ¡pero aquí estamos hablando de un deporte!, y algunas de esas figuras son difíciles de recordar en la práctica.

Creo que lo mejor es descubrir el motivo que hace que unas veces se gane y otras no. Y ese motivo debe servir para elaborar una regla. La regla tiene que ser lo mas simple posible. Si se descubre esa regla y se comprende, es posible recordar el final con facilidad, si no se descubre, tendremos una idea aproximada, que puede resultar útil para orientar los cálculos, pero el conocimiento no será perfecto. Por eso trate de sacar conclusiones de cada final estudiado y extraer la esencia que le permita recordarlo. Lo mismo que pasa con las reglas, pasa con las excepciones: si hay una excepción, hay un motivo, si comprendemos el motivo, no nos creará problemas, si no lo comprendemos, no nos daremos cuenta cuando la excepción se produzca.

Dice Korchnoi, que en el final le interesan más las excepciones que las reglas, creo que es un guiño de jugador práctico, y él lo es al máximo nivel. En realidad las excepciones también son reglas, pero con un menor campo de aplicación. El motivo por el que le deben interesar más las  excepciones, es por que son menos conocidas... por los rivales.

Una forma de recordar una maniobra o una regla es darle un nombre, incluso aunque sea un nombre abstracto. Pero por supuesto es mucho mejor si el nombre está relacionado con la situación, entonces será realmente útil. Es útil fijarse en el nombre, puede no significar nada, pero a los imperfectos humanos nos puede ayudar a recordar todo.

Las posiciones límite

En algunos finales se puede poner el acento en determinadas posiciones límite. Como su nombre ya expresa, estas son posiciones que están en el límite entre la victoria y las tablas, al menos una de las piezas ocupa una posición que si se varía una casilla produce otro resultado.

La memorización de las posiciones límites es muy útil, porque si se nos produce una posición más ventajosa, sabremos que el resultado va a nuestro favor (y viceversa si se nos produce una menos favorable) y normalmente en todas esas posiciones, una vez sabido el resultado, el cálculo es muy fácil.

Por el contrario, si tenemos dudas de donde debía estar una pieza para ganar (o hacer tablas), la falta de tiempo, el cansancio o la ansiedad provocada por las dudas, nos llevará fácilmente a cometer errores.

Podríamos decir que las “posiciones límite” son como faros que orientan nuestros análisis en posiciones oscuras. Sin esos faros intermedios, nuestra única orientación serían las posiciones claramente definidas, y eso multiplicaría la posibilidad de errores de cálculo.

De vez en cuando, una vez analizada una posición, observar como influye una pequeña variación en el resultado es un sistema eficaz de comprender la posición. Esto es importante por un motivo más: si comparamos el efecto que pequeñas variaciones producen en el resultado, nos daremos cuenta del límite de las reglas aprendidas, y cuando tengamos una situación similar en el tablero podremos imaginar con más facilidad si son aplicables o no, o en que medida quedan modificadas.

Ir paso a paso

A pesar de que aplique usted todos los consejos sobre como estudiar los finales, y de que ponga toda su atención, algunos finales (unos pocos) se le resistirán. Son demasiado abstractos y es imposible comprenderlos en toda su extensión la primera vez. Por más atención que ponga, algunos de los finales, especialmente los de torres, se olvidarán en parte al cabo de un tiempo, habrá que repasarlos al cabo de unos meses, pero no se apure por ello, no es el único al que le va a suceder, y después de uno o dos repasos, mezclados con un par de experiencias prácticas, las cosas quedarán mucho más claras, y el conocimiento se fijará de forma definitiva.

Hay que reconocer que los finales son algo aburridos y abstractos, las combinaciones no abundan, aunque cuando hay algún truquito conviene conocerlo, pues servirá de referencia. Por ese motivo no es conveniente darse un atracón de finales, hasta aprendérselos todos. Conviene administrarlos en pequeñas pastillas. Después de comprendido un tipo de final, puede empezar con otro. Todo depende del tiempo que tenga, de la atención que ponga y de sus conocimientos previos, que muchas veces le pueden hacer parte del trabajo.

No tema repasar, todo el mundo se ve obligado a hacerlo, pero con el segundo o tercer repaso, la mayoría de las cosas deben quedar claras.

El examen

Examínese! es conveniente que lo haga cuando haya estudiado finales, incluso mejor cuando hayan pasado unas pocas semanas de ello, pero naturalmente cada uno lo usará como quiera.

Lo más probable es que al realizar el examen y consultar después algunas respuestas dudosas, su fuerza de juego aumente, y es posible que el efecto de hacer el examen y revisar sus conocimientos le resulte tan útil como el estudio.

Haga ejercicios! por antipática que resulte la palabra ejercicio, siempre que se proponga uno hágase la siguiente pregunta ¿tengo alguna duda sobre la posición a la que se refiere? Si no es así, se puede pasar por alto, pero si nota que tiene alguna duda, es mejor hacerlo, porque si no, esa duda se le presentará un día en forma de medio punto perdido.

“Sobre hombros de gigantes”

Muchos conocerán la expresión de Isaac Newton, “Si yo he visto más lejos es porque estaba subido sobre hombros de gigantes”. Nada más adecuado para el estudio sobre la teoría de finales.

Sin el trabajo, a veces impresionante, de algunos jugadores y analistas del pasado, la teoría de finales hubiera llegado a la época de las “Tablas de Nalimov” en pañales.

Philidor ocupa un lugar especial en esta galería de gigantes. Sus exactos análisis del final básico de Torre y peón contra Torre, del de Torre y alfil contra torre, de la maniobra fundamental en el mate de alfil y caballo y muchos otros, son sencillamente increíbles en una época en que no tenía libros previos, ni analistas que le pudieran perfeccionar mediante sus críticas. Después los nombres de Centurini, Cheron, Euwe, Grigoriev, Lowenfisch y Averbach son inevitables.

En los tiempos actuales, muchos finales se pueden comprobar mediante las llamadas Tablas de Nalimov (Turbo Endgame) y este es un instrumento excelente que ha corregido algunos errores en la teoría anterior.

Pero el esfuerzo de los analistas antiguos no puede compararse con nuestras rápidas comprobaciones y la escasez de errores descubiertos por los ordenadores, es la mayor fuente de crédito para ellos.

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